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Agencias
Para adelgazar hay que hacer una comida fuerte al día, conviene usar miel para endulzar, es aconsejable recibir masajes y comer sólo frutas. Estas creencias son tan populares como equivocadas.
En realidad, la distribución ideal de las comidas sigue siendo hacer un desayuno, comida y cena intercalando tentempiés entre horas, mientras que el alimento de las abejas es muy calórico y tomado a diario aumenta el peso. Además, los masajes ayudan a eliminar el estrés pero no los kilos, y hay frutas como los plátanos e higos que engordan mucho.
Para bajar de peso
Lo más efectivo y saludable para adelgazar sigue siendo ingerir menos cantidad de alimentos, cocinar con poca grasa y disminuir el consumo de productos muy calóricos y poco nutritivos, así como practicar ejercicios aeróbicos o localizados en ciertas zonas corporales. Comer menos y quemar más: esa es la clave.
Además, muchas creencias destinadas a adelgazar pueden ser peligrosas. Son mitos que conviene descartar cuanto antes para que no nos pesen en nuestra salud y bienestar. A continuación se detallan algunos de los más frecuentes:
Hay alimentos adelgazantes. Aunque se ha afirmado que existen comidas capaces de hacer perder peso a una persona obesa, debido a la presunta capacidad del aminoácido carnitina de “devorar las grasas”, no se conoce ningún alimento que haga perder un sólo gramo a quien lo coma. Todo alimento asegura un aporte energético. En cuanto se produce su absorción, se ponen en marcha los mecanismos metabólicos tendentes a almacenar energía. Invariablemente, un gramo de carbohidratos y de proteínas produce 4 kilocalorías, igual que de un gramo de grasa se obtienen 9. El consumo predominante de alimentos con muy poco poder energético sobre otros de mayor contenido calórico puede ayudar a adelgazar, pero por muy poca energía que produzca una sustancia, siempre será mayor que la que consume el organismo para asimilarla.
Vitaminas, agua y metabolismo
Las vitaminas repercuten en la balanza. Las vitaminas no favorecen en sí mismas la gordura, y su acción beneficiosa se ejerce sólo en cuestiones como la prevención de dolencias, para conseguir un efecto antioxidante o en la profilaxis de enfermedades cardiovasculares y cancerosas. Una prueba de que las vitaminas no engordan es que en las dietas de adelgazamiento más estrictas, cuando se somete al paciente a una falta absoluta de alimentos para tratar la obesidad, se le mantiene durante semanas sólo con agua y un aporte vitamínico adecuado.
Comer con agua engorda. Si alguien aumenta de peso a causa del agua no hay que buscar la razón en la ingestión de este líquido que no aporta ninguna caloría, sino en alguna alteración patológica del equilibrio hídrico del cuerpo que ocasiona una retención de líquido. El organismo necesita de 2 a 3 litros diarios de agua para funcionar adecuadamente y, además de beneficiar la salud y la belleza, beber mucha agua llena el estómago y reduce el apetito. Beber mucha agua a todas horas es beneficioso, pero no existen horas o momentos mágicos en que este líquido engorde o adelgace: tanto si se toma con el desayuno, la comida o la cena, el agua no engorda ni adelgaza. Tampoco sirve de nada ingerir agua caliente, otro presunto truco adelgazante. Además, beber menos puede conducir a una deshidratación peligrosa.
El sobrepeso se debe al metabolismo lento. La obesidad se produce por ingerir más calorías de las que se gastan, y la mayoría de las veces la gordura no se debe a ninguna causa orgánica sino a llevar muchos años comiendo demasiado. Pero los factores como la depresión y la ansiedad leve, los errores dietéticos adquiridos en la infancia o el abandono de la práctica regular de ejercicios ayudan a que aparezca. No se engorda por padecer un metabolismo lento; cuando el metabolismo de una persona está disminuido, se debe a alguna dolencia como el hipertiroidismo o la hiperfunción de las glándulas suprarrenales, en los que además de la obesidad se observan otros síntomas.
Puedes seguir comiendo pan
Conviene olvidarse del pan. Pese a que se afirma que engorda pero no alimenta, en realidad aporta al organismo hidratos de carbono y fibra, sobre todo si es integral. El pan puede aportar más calcio que el arroz, más proteínas que la leche y más hierro que la mayoría de las frutas. Cuando es integral, constituye uno de los alimentos más ricos en magnesio. Los expertos aconsejan a las personas con sobrepeso reducir el consumo de pan si es excesivo, pero nunca eliminarlo de la dieta.
La sal suma kilos. Se recomienda moderar el consumo de sal, debido a que puede ayudar a elevar la tensión arterial en un elevado porcentaje de personas, pero la ingestión de sodio no ha sido relacionada con el exceso de grasa en el organismo. Si bien la sal induce la retención de agua, el agua tampoco engorda, y no hay razón para excluir este condimento en la dieta.
La transpiración reduce talla. La sudoración elimina los líquidos del organismo, pero no las grasas, cuya acumulación causa el sobrepeso. Después de una sesión muy intensa de gimnasia se puede perder algo de peso, debido a la pérdida de agua, pero tanto el líquido como el peso perdidos se recuperan al volver a beber.
No hay que mezclar grupos alimentarios. Mezclar ciertos alimentos puede ayudar a engordar, porque hace que un plato sea más sabroso y se coma más, pero ello no tiene nada que ver con las dietas disociadas. La idea de que los distintos grupos de alimentos, clasificados según sus contenidos en hidratos de carbono y proteínas, engordan más si se mezclan que si se ingieren por separado, ha sido la base de muchas dietas, pero no tiene un fundamento científico.
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